26.5.08
Pregunta-balanza
El acto de dormir y el de fantasear, lo que carece de fundamento, los deseos, la esperanza sin probabilidad de consumarse y cierto baile licencioso del siglo XVIII, ¿no es como aquello que, cuando es eterno, equivale a la muerte?
20.5.08
Jugábamos
A pedido de pepino.
Jugábamos al metegol (cuando nos tocaba juntos siempre perdíamos), a la escondida de noche (pero mal, porque la gente no aprovechaba la oscuridad para amarse sino que nos colgábamos a charlar o nos íbamos a caminar por el campo del tío Toni –tu vieja venía a buscarnos al rato con 5 puchos encendidos y las canas verdes–), jugábamos a cazar bichitos de luz (que se terminaban muriendo en nuestras manos y de resultado nos quedaba la mano toda pegajosa y con olor a bichito de luz muerto), jugábamos con los mails (a que uno inventaba un cuento y después el otro hacía la continuación y así hasta que yo no sé por qué pero siempre terminaba siendo una pelirroja a la que violaban y vos te casabas con un príncipe dragón pero te enfiestabas con sus esclavos enormes negros), jugábamos también a que nos mandábamos cartas mediante un compañero que servía de mensajero (las tuyas más elaboradas, con letra linda e incluso dibujos; las mías improvisadas sobre un papel de diario o en una hoja de carpeta minutos antes que termine la clase de matemática), jugábamos con el chat (a que uno tiraba un montón de letras separadas y el otro adivinaba qué frase se escondía –ahí estaba parejo, casi siempre acertábamos–), jugábamos mucho, jugábamos a no vernos, a pelearnos, a mandarnos dibujos, a mirarnos, jugábamosaescribirtodojuntoparamolestaralotroyhacerloreír; vos jugabas a ponerles apodos a las minas con las que salía; yo no sé a qué más jugaba.
Un día crecimos, y de todo eso no nos quedó ni una puta foto para poner acá abajo.
Jugábamos al metegol (cuando nos tocaba juntos siempre perdíamos), a la escondida de noche (pero mal, porque la gente no aprovechaba la oscuridad para amarse sino que nos colgábamos a charlar o nos íbamos a caminar por el campo del tío Toni –tu vieja venía a buscarnos al rato con 5 puchos encendidos y las canas verdes–), jugábamos a cazar bichitos de luz (que se terminaban muriendo en nuestras manos y de resultado nos quedaba la mano toda pegajosa y con olor a bichito de luz muerto), jugábamos con los mails (a que uno inventaba un cuento y después el otro hacía la continuación y así hasta que yo no sé por qué pero siempre terminaba siendo una pelirroja a la que violaban y vos te casabas con un príncipe dragón pero te enfiestabas con sus esclavos enormes negros), jugábamos también a que nos mandábamos cartas mediante un compañero que servía de mensajero (las tuyas más elaboradas, con letra linda e incluso dibujos; las mías improvisadas sobre un papel de diario o en una hoja de carpeta minutos antes que termine la clase de matemática), jugábamos con el chat (a que uno tiraba un montón de letras separadas y el otro adivinaba qué frase se escondía –ahí estaba parejo, casi siempre acertábamos–), jugábamos mucho, jugábamos a no vernos, a pelearnos, a mandarnos dibujos, a mirarnos, jugábamosaescribirtodojuntoparamolestaralotroyhacerloreír; vos jugabas a ponerles apodos a las minas con las que salía; yo no sé a qué más jugaba.
Un día crecimos, y de todo eso no nos quedó ni una puta foto para poner acá abajo.
19.5.08
Maquillaje
A la mañana temprano, cuando se despierta para ir a trabajar, lo primero que hace es ir mecánicamente al baño. Una vez ahí dentro Camila prende rápido la luz y se mira seria en el espejo, inspeccionándose sin pestañear, tratando de reconocerse en ese desierto. Sin dejar pasar mucho tiempo agarra el rimmel, lo destapa, muerde sus dientes y con mucho cuidado pinta sus pestañas, con elegancia y convicción, para que no quede impregnado allí ninguno de sus sueños.
13.5.08
Convocatoria 1º Concurso "El Más Peor cuento del mundo"
Auspiciado por la Academia Argentina de Letras, la PUCA, Editorial Ivrea y Eloísa la Cartonera.
1) La temática es libre. Se premiará bajo la categoría de cuento corto (esto significa que los cuentos deberán ser CUENTOS). El único criterio de estilo es la búsqueda del peor cuento escrito, aquel que viole con más violencias todas las categorías estétticas conocidas.
2) El cuento no deberá exceder las 2 (tres) carillas y no deberá de ser menor a 2 (cuatro) oraciones (+ título). Deberá ser presentado en hoja A4, sin recortes pijoteros en los márgenes, ni ningún tipo de interlineado complejo (doble espacio abstenerse); ni ningún tipo de sangría de ninguna nacionalidad. La sangría francesa está más que mal.
3) Los cuentos
serán juzgados
por un tribunal de
notables,
INAPELABLES.
4) El premio para 1º, 3º, 4 y 9º puesto será la publicación del mismo dentro del marco de la notable antología de Los Más Peores cuentos del mundo. La misma será vendida durante la Feria del Libro Independiente (FLIA) año 2009 o 2015.
5) Serán bienvenidos bienvenidos los autores de cualquier nacionalidad, sexo, edad, credo, raza y discapacidad (ya sea no saber bailar, ser ciego o salir en la tele).
6) Sin embargo, sabemos que sólo vamos a premiar los cuentos de argentinos.
7) Los cuentos deben enviarse con datos personales tales como DNI, Nombre, Apellido, Edad y, en caso de ser mujer, número de teléfono. Se aceptará un (1, posta) cuento por persona. Se recibirán trabajos hasta el 31 de julio (1 de agosto, no). Aunque es probable que no leamos los últimos.
8) No hagan trampa.
9) Las noticias se irán publicando periodicamente acá, en este blog. Los textos tendrán derechos (de autor, solamente) compartidos con El Jurado Inapelable.
10) Ah, la dirección a la que hay que mandar todo es: elmaspeorcuentodelmundo@gmail.com
(Cualquier duda, preguntar a esa misma dirección y esperar paciente. Se agradece la difusión.)
1) La temática es libre. Se premiará bajo la categoría de cuento corto (esto significa que los cuentos deberán ser CUENTOS). El único criterio de estilo es la búsqueda del peor cuento escrito, aquel que viole con más violencias todas las categorías estétticas conocidas.
2) El cuento no deberá exceder las 2 (tres) carillas y no deberá de ser menor a 2 (cuatro) oraciones (+ título). Deberá ser presentado en hoja A4, sin recortes pijoteros en los márgenes, ni ningún tipo de interlineado complejo (doble espacio abstenerse); ni ningún tipo de sangría de ninguna nacionalidad. La sangría francesa está más que mal.
3) Los cuentos
serán juzgados
por un tribunal de
notables,
INAPELABLES.
4) El premio para 1º, 3º, 4 y 9º puesto será la publicación del mismo dentro del marco de la notable antología de Los Más Peores cuentos del mundo. La misma será vendida durante la Feria del Libro Independiente (FLIA) año 2009 o 2015.
5) Serán bienvenidos bienvenidos los autores de cualquier nacionalidad, sexo, edad, credo, raza y discapacidad (ya sea no saber bailar, ser ciego o salir en la tele).
6) Sin embargo, sabemos que sólo vamos a premiar los cuentos de argentinos.
7) Los cuentos deben enviarse con datos personales tales como DNI, Nombre, Apellido, Edad y, en caso de ser mujer, número de teléfono. Se aceptará un (1, posta) cuento por persona. Se recibirán trabajos hasta el 31 de julio (1 de agosto, no). Aunque es probable que no leamos los últimos.
8) No hagan trampa.
9) Las noticias se irán publicando periodicamente acá, en este blog. Los textos tendrán derechos (de autor, solamente) compartidos con El Jurado Inapelable.
10) Ah, la dirección a la que hay que mandar todo es: elmaspeorcuentodelmundo@gmail.com
(Cualquier duda, preguntar a esa misma dirección y esperar paciente. Se agradece la difusión.)
11.5.08
Amores imposibles en la línea Mitre
Capítulo 1
La morocha de ojos negros infinitos
Dedicado a Manuel Mandeb, que cantó pri.
Yo estaba como siempre, tirado en el piso, libro en la mano, auriculares en el cerebro, piernas cruzadas y estiradas. El que te dije me caía bien, las descripciones eróticas eran deliciosas y lo de mezclar ficción y noticias era, al menos, divertido. Además The Doors es buena música para escuchar en el tren, te hacen mover la patita, te hacen sentir bien cuando estás en el piso y hace calor. Y yo estaba así, fresco, tranquilo, libro en mano, piernas cruzadas y estiradas. Estaba cómodo en el piso del tren y el viaje prometía ser corto.
Ella llegó y se paró en el medio del vagón (es decir del mundo), así nomás, como si fuera otra.
Como si sus ojos no fueran negros infinitos.
Como si nadie tuviera ganas de comerle el pelo.
Como si sus piernas no estuvieran hechas de jugo.
Como si sus tetas no fueran dos médanos perfectos, dos médanos como ésos de la película de Almodóvar en la que el chabón se tira por un tobogán y juega por toda la mina y después se muere.
Con la gracia de una quinceañera guardó los Gitanes en el bolsillo de su jean y peló un libro de Bukowski.
Antes de ponerse a leer me miró con sus ojos negros infinitos: miró mi libro, mi ropa, me miró a mí, y me hizo sentir pequeño, feo, estúpido.
Sentí miedo (ya la amaba).
Agaché la cabeza e hice como si me importara la novela, como si sus ojos negros infinitos no estuvieran ahí, donde ella empezaba y mi vida terminaba.
Se bajó en Belgrano.
Cuando las puertas del tren se cerraban me echó una mirada de reojo, una mirada de desprecio o de lástima por lo que no fue, por todo lo que no soy.
Por unas semanas prefiero no viajar en tren.
No quiero verla más.
No quiero que me mire con sus ojos negros infinitos.
La morocha de ojos negros infinitos
Dedicado a Manuel Mandeb, que cantó pri.
Yo estaba como siempre, tirado en el piso, libro en la mano, auriculares en el cerebro, piernas cruzadas y estiradas. El que te dije me caía bien, las descripciones eróticas eran deliciosas y lo de mezclar ficción y noticias era, al menos, divertido. Además The Doors es buena música para escuchar en el tren, te hacen mover la patita, te hacen sentir bien cuando estás en el piso y hace calor. Y yo estaba así, fresco, tranquilo, libro en mano, piernas cruzadas y estiradas. Estaba cómodo en el piso del tren y el viaje prometía ser corto.
Ella llegó y se paró en el medio del vagón (es decir del mundo), así nomás, como si fuera otra.Como si sus ojos no fueran negros infinitos.
Como si nadie tuviera ganas de comerle el pelo.
Como si sus piernas no estuvieran hechas de jugo.
Como si sus tetas no fueran dos médanos perfectos, dos médanos como ésos de la película de Almodóvar en la que el chabón se tira por un tobogán y juega por toda la mina y después se muere.
Con la gracia de una quinceañera guardó los Gitanes en el bolsillo de su jean y peló un libro de Bukowski.
Antes de ponerse a leer me miró con sus ojos negros infinitos: miró mi libro, mi ropa, me miró a mí, y me hizo sentir pequeño, feo, estúpido.
Sentí miedo (ya la amaba).
Agaché la cabeza e hice como si me importara la novela, como si sus ojos negros infinitos no estuvieran ahí, donde ella empezaba y mi vida terminaba.
Se bajó en Belgrano.
Cuando las puertas del tren se cerraban me echó una mirada de reojo, una mirada de desprecio o de lástima por lo que no fue, por todo lo que no soy.
Por unas semanas prefiero no viajar en tren.
No quiero verla más.
No quiero que me mire con sus ojos negros infinitos.
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